La cagué.

Día tras día, peleo contra la página en blanco que me dice que soy un escritor de mierda, contra la mediocridad que me dice que debo conformarme con lo que hay, contra los zombis que desean convertir a todo el mundo en zombi. Estoy esforzándome al máximo: estoy invirtiendo hasta la última gota de sangre, sudor y semen, para conseguir que mi novela te produzca una erección cerebral.

Los que me seguís, estáis siendo testigos del nacimiento y crecimiento de una novela que nos ha salido un poco rebelde y quiere taladrarte el cráneo y follarte la mente (usé tu expresión, Mario 😉). Algo Épico aún no ha alcanzado la mayoría de edad: todavía es un adolescente malcriado que se pasa el día diciendo palabrotas, quejándose y haciéndose pajas.

Al grano, por favor. ¿A dónde quieres llegar? —Me preguntas.

El problema radica en el hecho de que Algo Épico no es un producto terminado y que el capítulo nuevo que publico cada dos semanas, solo es parte de un borrador que va a ir evolucionando hasta alcanzar su versión final. Y hace dos semanas publiqué un capítulo (capítulo 22) que va a ser destruido: lo voy a incinerar y voy a repartir sus cenizas entre los capítulos 23 y 24.

Explicación para tontos:

  1. El capítulo 22 actual va a desaparecer (va a ser incinerado).
  2. Mañana voy a publicar un nuevo capítulo, que pasará a ser el 22 (lo sustituye).
  3. Dentro de dos semana publicaré el capítulo 23, y otras dos semanas más tarde, el 24. Estos capítulos contendrán algunas partes del capítulo que fue destruido (sus cenizas serán repartidas entre ambos).
  4. Cada dos semanas seguirás leyendo un capítulo nuevo, hasta llegar al 30.
  5. En el capítulo 30, tendrás un fuerte orgasmo (te adelanto que va a ser un capítulo brutal: eyacularás).
  6. Me comprarás la novela completa en papel, me recomendarás a tus amistades y seré tu nuevo dios.
  7. Tu vida ya no será la misma: verás el mundo con otros ojos. En ese momento tendrás dos posibilidades: irte a llorar con tu mamá o convertirte en un puto superhéroe.