¿De verdad crees que puedo responder a esa pregunta? ¿Qué te crees? ¿Que soy un vendedor de productos de autoayuda o algo así? ¿En serio crees que hay una receta mágica para ser feliz? La realidad es que nacimos sin un libro de instrucciones. La evolución nos preparó biológicamente para un mundo que ya no existe, o que al menos no es el que nos encontramos normalmente, y nuestro sistema emocional choca constantemente contra nuestro sistema racional. Eso a veces nos hace sentirnos confundidos y desesperanzados: tranquilo, no eres el único, es normal y hasta sano cuestionarse este tipo de cosas.

Tal y como yo lo veo, sobre este tema podríamos decir que hay dos corrientes principales:

  • Una de ellas se basa en que hay que tener un objetivo que te motive a levantarte de la cama y moverte: tener un punto hacia el que ir. Pero casi todo el mundo suele errar al creer que su felicidad llegará cuando consiga esa meta: por culpa de esto, a veces nos sentimos desgraciados, bien por creer que no vamos a lograrlo o bien por no haberlo logrado aún, pues tendemos a posponer nuestra felicidad. Y si alcanzamos nuestra meta, puede ser incluso peor: porque tras experimentar una breve luna de miel, corres el riesgo de quedarte hundido preguntándote: “¿y ahora qué?”. Esto solo funciona (y a veces ni así) si tienes una zanahoria delante para contentar a tu sistema emocional; es decir, si alcanzas tu gran meta, necesitas ponerte otra que te motive tanto como lo hizo la anterior.
  • La otra corriente es aparentemente opuesta: consiste en disfrutar del presente, que es lo único que tienes, y vivir la vida sin expectativas, disfrutando de cada cosa, enfocándote en vivir el momento y en lo que tienes, en lugar de centrarte en el futuro y en lo que no tienes y anhelas tener.

¿Cual es mejor?
Ni idea.

¿Hay más formas de hacerlo?
¡Claro! Infinitas.

¿Entonces qué hago?
Y yo qué sé. Mátate.

¿Mi caso personal?
No es una pregunta fácil de responder. Me encuentro en una eterna búsqueda. Lo que hoy me sirve y me hace feliz, mañana quizá ya no. En parte, mi novela trata sobre esto: sobre la búsqueda de la felicidad en un mundo que se empeña en conducirte a través de un camino preestablecido, que no a todos nos hace felices.

Durante años, me sentí muy infeliz con mi vida. Pasé por varias fases, algunas constructivas y otras auto destructivas. Ahora mismo te diré, por si te da curiosidad, que soy feliz la mayor parte del tiempo y que intento balancear ambas corrientes: tener un objetivo que me motive a caminar, pero al mismo tiempo disfrutar del camino; disfrutar de las cosas que ya tengo y, al mismo tiempo, disfrutar del camino hacia las que aún no tengo y quiero tener. Porque la felicidad no está concentrada en un punto; la felicidad está esparcida a lo largo del camino hacia ese lugar. Así, mientras camino hacia mis objetivos, al mismo tiempo estoy siempre en la búsqueda de algo épico; algo que me sorprenda y que me haga sentir Vivo.

Por cierto, mis objetivos siguen siendo los mismos, solo que, para poder estar con Janet, he tenido que variar la ruta: ahora el destino del viaje es el mismo, pero el camino es un poco más largo y complicado. Y para ella es lo mismo. Es un esfuerzo extra que tenemos que hacer, pero que hacemos encantados. Y estoy convencido de que todo saldrá bien, pero si no fuese así, si al final resultara que todo fue un error, sería el error más bonito que he cometido en toda mi vida.